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lunes, 5 de agosto de 2013

Lo básico de Marx o para discutir sabiendo de qué se habla.


Para entender a Marx y su marxismo es necesario tener en cuenta dos cosas: su filosofía y su humanismo. Consideremos además que Marx, entre muchas otras cuestiones, abordó en sus teorías temas como la economía, la política, la filosofía, la ideología y la sociología. Centrémonos en la perspectiva sociológica e ideológica.

¿Cuál fue uno de los principales ataques hacia Marx como científico social? Que nunca escondió su ideología revolucionaria al realizar su obra. Pero me pregunto: ¿hay algún teórico social que no se haya visto influenciado por su ideología? La separación entre el científico y su carga ideológica es un mito. Podría decirse entonces, a favor de Marx, que él nunca intentó ocultarlo.

Una de las cosas más difíciles de entender de la teoría puramente marxista es su método dialéctico. Iniciemos entonces con esta cuestión.

A diferencia de Hegel, que se ocupó de la dialéctica en el plano de las ideas (tesis – antítesis – síntesis), Marx llevó a la dialéctica al terreno del mundo material. En la dialéctica no existe una relación unívoca de causa – efecto, muy propia del positivismo, donde éste es un conocimiento científico parcelario que se limita a los hechos del orden social existente, lo cual permitiría una corrección y un mejoramiento de la sociedad. El marxismo, utilizando la dialéctica, ve a los fenómenos como causantes de varios efectos mismos que, a su vez, tendrían también efectos sobre ese y otros fenómenos.

En otras palabras, tenemos tres métodos científicos: el inductivo, el deductivo y la dialéctica. El inductivo va de lo particular a lo general (observo una manzana, una pera y una sandía e induzco que todas son frutas); el deductivo corre de lo general a lo particular (veo frutas y deduzco que la manzana, la pera y la sandía lo son) y la dialéctica que tiene un movimiento más en espiral que directo. ¿Por qué en espiral? Porque no sólo considera los hechos presentes sino también su pasado y se busca prever el futuro con un modelo.

Para la dialéctica el hecho y el valor están entrelazados, no separados. De esta manera, no existen líneas divisorias entre los fenómenos del mundo social, sino que se van entremezclando; por ello es importante conocer la carga histórica y el contexto específico de los fenómenos sociales.

De esta manera, el científico social dialéctico se interesa por el estudio de las raíces históricas del mundo contemporáneo y por la dirección futura que tomará la sociedad. De esta manera, las fuentes del futuro existen en el presente.

El marxismo, como teoría sociológica, se centra en el problema del conflicto y la contradicción. Marx señalaba que para que las sociedades avanzaran era necesaria la presencia del conflicto para el surgimiento de una sociedad nueva (el esquema tesis – antítesis – síntesis). ¿En dónde está el conflicto en la teoría de Marx? En la lucha de clases entre proletariado y capitalistas, donde éstos son los que generan proletariado al obligar a los trabajadores a vender su fuerza de trabajo a cambio de un mal salario. A medida en que el capitalismo se expande, aumenta la cantidad de trabajadores y también el grado de explotación, ello a su vez genera más opresión y el resultado probable es la confrontación entre esas clases.

Por ejemplo, otra contradicción muy propia del sistema capitalista es la generación de monopolios. Las empresas grandes tienden a “comerse” a las pequeñas (podemos ver la gradual desaparición de las tradicionales “tienditas de la esquina” que no han resistido la presión y quiebran o son absorbidas por las grandes cadenas de supermercados). Al generar más y más monopolios, la oferta de productos puede llegar a superar a la demanda; es decir, la gente no va a adquirir los mismos productos a todas las grandes empresas (¿para qué queremos diez licuadoras en una sola casa?) debido a que no hay competencia por la ausencia de diversificación en la oferta. Las empresas se ven obligadas a reducir o hasta a frenar la producción entrando en crisis, además de que generan desempleo.

Las estructuras sociales y sus condiciones eran de gran importancia para Marx, pues consideraba que hasta que no llegara un momento histórico preciso, el cambio no se daría. Las personas (o seres genéricos) podían llegar a ser mucho más que un obrero preocupado por alimentarse y satisfacer sus necesidades inmediatas. Debido a la urgencia de esta satisfacción, los seres humanos viven embebidos en la dinámica capitalista olvidando lo que pueden ser capaces de desarrollar sin tener la opresión encima. Es decir, hay una diferencia entre las necesidades y las capacidades, pero primero que nada el ser humano debe tomar conciencia de su posición en el tejido social, donde la conciencia es “…desde sus orígenes, un producto social” dado que se deriva de la acción y de la interacción humanas.

Uno de los conceptos más utilizados por las diversas clases de marxismo es el de alienación (que quiere decir “alejamiento”): incluye cuatro componentes básicos:

Primero, los trabajadores están alienados de su actividad productiva, pues ellos no trabajan para sí mismos sino para los capitalistas a cambio de un salario. Así, la actividad productiva pertenece al capitalista.

Segundo, los trabajadores están alienados del producto, pues éste no pertenece al obrero y no pueden usarlo para satisfacer sus necesidades primarias. El producto y el proceso de producción pertenecen también al capitalista, y peor aún: a veces el trabajador ni siquiera conoce el proceso completo de la producción, pues se limita a elaborar solo una parte del producto.

Tercero: el obrero se aliena de sus compañeros de trabajo, imposibilitando la cooperación natural y habilitando el enfrentamiento debido a la competencia; así el capitalista ya no es blanco de la hostilidad sino que ésta se refleja en los compañeros de trabajo.

Cuarto, el trabajador se aliena de su propio potencial humano, pues su realización como persona se ve reducida a desempeñar un papel más parecido al de un animal de carga o a una máquina humana.
Otro concepto muy interesante pero menos abordado es el de la reificación. Puede considerarse como el proceso por el que se llega a creer que las formas sociales creadas por los humanos son naturales, universales y absolutas, por lo cual adquieren esas características. Las personas están convencidas de que las estructuras sociales están fuera de su control y por ello son inalterables y de esta manera las estructuras adquieren ese carácter.

Este proceso de reificación se observa en el trabajo al pensar que “así son las cosas en la chamba, ni modo”, al igual que en otras estructuras como la religión, la familia, los gobiernos y demás instituciones. ¿Por qué? Porque los seres humanos pensamos que no las podemos cambiar.

Con base en la suposición de que la estructura es la base de la vida material (modo de producción capitalista o el que sea), encima de esa forma de producción e influenciada por la misma, se eleva la superestructura en donde se encuentra la ideología. Puede definirse como ideología al “sistema integrado de ideas que es externo a los individuos y resulta coercitivo para ellos”. Para Marx, las ideas de la clase dominante son las que dominarán en un período histórico; es decir, la clase que posea los medios de producción material será la que posea los medios de producción mental.

De esta forma, el modo de producción o estructura va a condicionar la forma de gobierno, a la religión y a la ideología de una sociedad. Por ello, para modificar la vida social, política, religiosa e ideológica de una sociedad, era necesario modificar su modo de producción. Esta es la propuesta política de Marx, quien señalaba que “…el cambio que se ha producido en la base económica trastorna más o menos lenta o rápidamente toda la colosal superestructura.

Debe existir, entonces, el famosísimo proceso de toma de conciencia (es decir, que el individuo sea plenamente consciente del lugar que ocupa en el tejido social) para que se dé cuenta de que, por ejemplo, la religión es una institución creada por él mismo y, por ende, es finita, humana, imperfecta y mutable.

De esta manera, los seres humanos deberíamos estar conscientes de que la religión es, en efecto, una institución de mucho poder ideológico y determinante del quehacer social de todos nosotros en estos tiempos, pero también deberíamos asumir que eso no quiere decir que no se pueda alterar. Si el mundo de las ideas está determinado por las estructuras económicas y su funcionamiento, ello quiere decir que la transformación ideológica de la sociedad es una tarea titánica pero no imposible.

Considero que la satanización de Marx consiste en que no está de acuerdo en que el capitalismo y el libre mercado sean productores de igualdad entre los seres humanos y en que propone que se debería abolir la propiedad privada para lograr una justa distribución de la riqueza. Parecería que colocó el dedo en la llaga de muchos grupos de poder, pero propongo que todos los individuos que asumen que el marxismo “está mal” por dichas razones se pregunten hasta qué grado el modo de producción capitalista está influenciando esa idea tan generalizada en nuestros días.

En otras palabras, ¿no será que el propio funcionamiento del capitalismo, es decir, su dinámica, su publicidad inherente, la reificación de las estructuras, la ideología producto del sistema, la alienación, el vivir embebidos en el “qué voy a comprar hoy”, “qué voy a dar de comer a mis hijos”, “no me alcanza el dinero”, “si hago o no hago esto no iré al cielo”, “tal o cual cosa es pecado”, “no pienses, cree”, “necesito posesiones para ser alguien”, etcétera, es el que está dictando la idea de que Marx estaba chiflado?

La discusión sobre si las ideas de Marx son todavía aplicables en la actualidad se responde con una sola oración: mientras exista el capitalismo, Marx seguirá vigente.



Fuente: Ritzer, George (1993). "Teoría Sociológica Clásica". McGraw-Hill / Interamericana de España, S.A. España. pp. 165-199


1 comentario:

  1. Me agrada la forma en que te manejas en tus entradas y la información compartida, ojalá retomes el escribir aquí. Un saludo.

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