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jueves, 23 de agosto de 2012


La Masonería en México.

Introducción.

Lejos de querer descubrir o revelar información desconocida, el propósito de este ensayo consisten  en recopilar una serie de datos históricos sobre la masonería en México, sus antecedentes, su aterrizaje en México a partir del siglo XVIII, su posible injerencia en los movimientos sociales más importantes de nuestra historia abarcando en términos precisos la época de la Reforma en México sin olvidar, por supuesto, algunos de sus antecedentes dentro de la lucha independentista en nuestro país.

Pero el objetivo no es solamente reseñar la historia de la masonería mexicana, sino también analizar su estructura interna, a los actores que la integran (o que se dice que la integraron) y las implicaciones sociológicas que pudiera tener una organización como ésta en nuestra sociedad, a partir de su código moral y los objetivos que tiene la masonería de acuerdo a una entrevista realizada en este sentido.

Considero de importancia la época de la Reforma porque las ideologías en pugna en dicho momento tal vez tuvieron mucho qué ver con las ideas provenientes de Europa, sobre todo las de corte liberal, las cuales en repetidas ocasiones fueron abanderadas por los masones de la Revolución Francesa y de los movimientos insurgentes que se oponían al absolutismo en España.

Cabe señalar que el propósito de análisis sociológico en este ensayo está enfocado a discernir si el movimiento masón ha repercutido en algún sentido a algún tipo de cambio social en nuestro país, enfocando la época de la Reforma pero también en un sentido contemporáneo: qué es lo que intenta hacer la masonería, con quiénes, a partir de qué premisas, qué impacto social tienen las actividades que realizan. En términos Tourainianos: ¿intentan apropiarse de la historicidad en este momento? ¿Luchan por su control?

Antecedentes.

Conocidos también como “francmasones”, la palabra francmasonería viene del francés franc, que quiere decir “libre” y mason, que quiere decir albañil; la anterior etimología sirve para explicar parte de la filosofía en la cual el movimiento masón se basó para trabajar posteriormente, ya que sus actividades, según entrevista que posteriormente se transcribirá, consiste en la construcción de hombres nuevos. Para efectos del presente ensayo, nos referiremos a la francmasonería únicamente como masonería, que es como se le conoce actualmente.

El movimiento masón tiene sus orígenes como tal en la Europa del siglo XVIII; sin embargo, la propia masonería considera como su remoto origen a la comunidad de albañiles dirigida por Irma de Tiro, quienes construyeron el templo de Salomón. Entre ellos, suele hablarse de un período mítico y legendario de la masonería (el mito de Hiram) y de otro período denominado “masonería antigua” u “operativa”, las cuales no son sino la continuación y transformación de las agrupaciones gremiales del Medioevo y del Renacimiento en Europa.

La “masonería moderna” o “especulativa” surge en el siglo anteriormente mencionado, la cual prepara a una serie de iniciados enfocados, primero, al culto divino; reorientándose posteriormente en un matiz filantrópico – racionalista propio del ambiente francés de la época, que es como ahora se le distingue (Church Forum, 1983:1).

Según refiere la fuente, la masonería surge en 1717 por obra de unos pastores protestantes ingleses llamados James Anderson y J. T. Desaguilers, quienes eran continuadores de un movimiento espiritual inspirado por Comenio. Pero no es sino hasta 1723 cuando adquiere una estructuración sistemática y definida gracias a la publicación de Anderson llamada “The Constitutions of the free – masons”.

Desde ese momento, la masonería es influenciada por las corrientes intelectuales del enciclopedismo del siglo XVIII y del racionalismo y liberalismo del siglo XIX. Se difundió rápidamente por toda Europa: en Francia, en 1721; en 1717 en Rusia; en España en 1723; en La Haya en 1734 y en Boston en 1738.

Dentro de la masonería se conocen dos tipos distintos de ritos: el rito Francés, que tiene sus orígenes en el escocés (estuardista); y el de York, originado en las propias logias inglesas. Ambos ritos se desvinculan en 1738 cuando se funda la Gran Logia en Francia, quedando en franca oposición.

De la división anterior, surgen las tres ramas principales de la masonería actual: el Rito Inglés, el Rito Escocés y el Rito Simbólico Francés. La principal diferencia entre el Rito Inglés y el Francés radica en que el primero de ellos acentuaba en un carácter aristocrático y puritano. Por su parte, el Rito Francés estuvo más asociado al racionalismo naturalista que le hizo perder el matiz religioso del principio. El acento aristocrático también se perdió convirtiéndose en una estructura más democrática, intelectual y sumamente politizada.

A lo largo de la historia, casi siempre se ha relacionado al movimiento masón con las revoluciones burguesas del siglo XIX; sin embargo, parece que la masonería poco tuvo qué ver en aquellos movimientos sociales. La razón de lo anterior es que, además de la adopción del lema de “libertad, igualdad, fraternidad” por la Revolución Francesa, ya que dicho lema ya había sido fabricado por el movimiento masón (www.glse.org/idea_es.htm), después de la época del Terror en Francia la masonería se inclinó hacia las tendencias liberales. Ser masón y liberal era prácticamente decir lo mismo.

Paralelamente con el desenlace de la Revolución Francesa, la burguesía mercantil, intelectual o militar del siglo XIX desplazaron al aristocratismo; asimismo, se aleja del paradigma de perfectibilidad humana que acompañó a la masonería desde su nacimiento. De acuerdo con el Church Forum, el primer Gran Maestre de la Gran Logia General de Francia fue José Bonaparte.

El predominio de la masonería francesa en Europa origina una incisión interna en el universalismo de la misma. La inicial ruptura de las logias francesas, por motivos religiosos, se acentúa más a mediados del siglo XIX, cuando la Gran Logia de Francia suprime la obligación de atribuirse el lema “A la Gloria del Gran Arquitecto del Universo”, quedando separada por ello del cuerpo masónico general y siendo repudiada por la Gran Logia Unida de Inglaterra.

Desde entonces, esta división persiste: por un lado, la andesita, de carácter ritual y muy conservador en moral y costumbres, la cual forma un bloque dirigido por Inglaterra; por otro lado, una masonería carente de espíritu religioso, más intelectual y con base humanística e implicada fuertemente en los acontecimientos de su tiempo, particularmente en el campo del compromiso político.

No obstante, al quedar superado el liberalismo político intelectual que le dio base, se convierte en formas humanistas – formalistas gracias a la influencia de nuevas tendencias (socialismo, totalitarismo, neocapitalismo, etc.).

Otra diferencia entre la masonería francesa e inglesa radica en que ésta última sigue vinculada a las realezas. Por su parte, la francesa se inclina siempre a fórmulas de gobierno basadas en la estricta libertad individual y se distinguió por ser respetada por todos los regímenes políticos hasta 1940, cuando el mariscal Petain la declaró fuera de la ley. Sin embargo, en el gobierno del general De Gaulle, dicha ley quedó sin validez.

La masonería propia de los países latinos, concretamente de España e Italia, no fue propiamente la señalada en párrafos anteriores, ya que en estos países la masonería se ha considerado como sociedad secreta con fines más secretos aún, claramente anticatólica y muy vinculada a la actividad política.

En España, la masonería moderna o especulativa, que es la masonería en el sentido actual de la palabra, fue establecida en 1727 al fundarse la Matrirense, primera logia de Madrid, por Lord Wharton. En 1739, Lord Raimond constituyó la Gran Logia Provincial de España, con sede en Andalucía. Dichas logias son de fundación y obediencia inglesas y, durante el siglo XVIII mantuvieron en gran parte el espíritu inicial que las creara, formando parte de las mismas una minoría ilustrada española de carácter selectivo aristocrático e intelectual.

La figura más destacada de este período es el conde de Aranda, que desvincula a la masonería española del Oriente inglés, aceptando en cambio al rito escocés de las logias francesas. En este período, la masonería española tiene ya alcance y significación política debido a la actividad de Aranda y principalmente de Montijo, en quien se ha querido ver a uno de los responsables del motín de Aranjuez.

Al iniciarse el siglo XIX, la influencia masónica en España es doble: hay logias de inspiración francesa favorecidas por la presencia en España de José Bonaparte, pero también hay de inspiración inglesa. De las primeras forman parte los ilustrados, llamados “afrancesados”, de donde surgen los patriotas entre los cuales se forman los cuadros de liberales que intervinieron en las Cortes de Cádiz.

Posteriormente, las logias españolas quedaron reducidas a la clandestinidad al retronar Fernando VII. Estas logias, que eran vehículo de transmisión de la ideología política liberal, devinieron en reductos de conspiraciones contra la monarquía absoluta. La masonería, entonces, adquiere características peculiares: carácter conspirador y reducto del militarismo romántico liberal, pues a ella pertenecieron todos aquellos que protagonizaron en España, de manera sistemática y continuada, un sinfín de pronunciamientos propios del siglo XIX hispánico (Lacy, Riego, Torrijos, etc.).

En 1824, la masonería es prohibida y sumergida de nuevo en la clandestinidad; sin embargo, entre las revoluciones de 1854 y 1868, las logias españolas actúan con efervescencia en los medios políticos, educacionales, intelectuales y militares, adquiriendo un fuerte matiz anticatólico.

A raíz de la Bula prohibitiva de Clemente XII en 1738, la masonería tuvo sucesivos decretos de prohibición: de Felipe V, Fernando VI, Fernando VII, etc. En la actualidad, la masonería está prohibida por la Ley del 1o. de Marzo de 1940 sobre delitos de masonería y comunismo.

Desarrollo.

Análisis doctrinal.

La exposición unitaria de la doctrina masónica es difícil y compleja, dada la existencia de diversos tipos de masonería. Sin embargo, la tarea se puede facilitar si se intenta ir a los fundamentos últimos de las doctrinas masónicas y a las consecuencias que, sosteniendo tales doctrinas, se llega.

Desde el punto de vista religioso, la masonería proclama como principio básico e incontrovertible la independencia absoluta de la razón humana frente a cualquier autoridad o enseñanza. El naturalismo y el racionalismo son su punto de partida.

Consecuencia de esta radical decisión es la negación de la mayor parte de deberes con Dios y el indiferentismo. Todas las enseñanzas de la iglesia no serían más que mitos de los que el hombre moderno y culto debe liberarse. En la recepción de los grados supremos es de rigor la apostasía, bien de manera expresa, bien mediante la realización de acciones sacrílegas que la suponen.

Las verdades religiosas cognoscibles con la luz natural de la razón y que como son los fundamentos de la fe – existencia de Dios, espiritualidad e inmortalidad del alma, distinción entre el bien y el mal, recompensa y castigos eternos, etc. – se convierte pronto para los masones en producto de la superstición y el fanatismo. Aunque suelen hablar de un Ser Supremo con el nombre de “Gran Arquitecto del Universo”, para la iglesia católica es un concepto distinto del Dios de la revelación cristiana. Para la masonería, Dios viene a ser una palabra del vocabulario de los pueblos infantiles, que se repudia cuando se alcanza la madurez de la civilización. Tal madurez supone la emancipación de la humanidad de cualquier tipo de esclavitud civil, religiosa y moral.

Si bien no se puede hablar de principios universales que sean válidos para todos los masones, ya que hay diferencia entre ellos, se puede decir que se destaca el siguiente pensamiento: la existencia de Dios que se acepta como el Gran Arquitecto del Universo, donde es un Dios constructor del mundo y ordenador de la materia, es una “fuerza superior”. La libertad, donde los masones defienden el derecho a pensar libremente. La importancia de la razón, a la que conceden fuerza y conciencia diciendo que es autónoma y científica. La tolerancia, donde no se imponen dogmas y se admite lo que se discute racionalmente; la enseñanza laicista, defienden los Estados y la enseñanza laica y defienden la separación de iglesia y Estado; la moral y la religión natural, donde la moral no debe estar ligada a ninguna creencia religiosa ni basarse en pretendidas revelaciones divinas, las creencias individuales se respetan.

Relación con la Iglesia Católica.

En cuanto a su relación con la iglesia católica, se sostuvieron conversaciones oficiales en los años de 1974 – 1980 por encargo de la Conferencia Episcopal Alemana. Se trató de considerar si la masonería ha experimentado cambios, tales que consientan a los católicos a pertenecer a ella. Se han estudiado los tres primeros estadios o grados de pertenencia a la masonería y, después de un atento examen, la iglesia católica constató que existen contrastes fundamentales e insuperables. En su esencia, la masonería no ha cambiado y se llegó a una conclusión obvia: no es compatible la pertenencia a la iglesia católica y al mismo tiempo a la masonería.

Según el propio resultado del Concilio, las razones de lo anterior radican en lo siguiente:

a)    El relativismo y el subjetivismo son convicciones fundamentales en las actitudes masónicas.
b)    El concepto masónico de verdad niega rotundamente la posibilidad de un conocimiento objetivo de la verdad.
c)    El concepto masónico de religión es relativo: todas las religiones serían para expresar la verdad sobre Dios.
d)    El concepto masónico de “Gran Arquitecto del Universo” es deísta, un Dios que no sería un ser personal, sino más bien neutral. Un “algo”.
e)    El concepto masónico de Dios no admite la posibilidad de una verdadera revelación o automanifestación de Dios.
f)     El concepto masónico de tolerancia no se relaciona solamente con las personas sino también con las ideas, aunque sean contradictorias.
g)    Los rituales masónicos dan la impresión de ser sacramentos, pero no lo son.
h)    El concepto masónico sobre el hombre perfecto: para la iglesia católica lo que vale no es la gracia sino la virtud y está en un sentido de autorredención que no deja lugar para una doctrina cristiana sobre justificación.
i)      La espiritualidad masónica pide a sus adeptos una total y exclusiva pertenencia, dedicación y entrega, que ya no deja lugar para las exigencias espirituales de la iglesia.

Aspectos Principales de su Estructura.

Los aspectos principales del funcionamiento de las logias masónicas en lo general (pueden cambiar algunos aspectos), según José Cabral citado en la página web www.glodc.org.co/librosmasonicos.htm , son los siguientes:

  1. Los juramentos: para cada grado de masonería hay un juramento específico con las promesas evangélicas.

  1. El ritual de iniciación: para el primer grado (aprendiz), se coloca en el individuo una venda en los ojos y, con vestimentas especiales, se le conduce a la puerta del templo o local donde él afirma que es un “profano” que se está allegando la luz de la masonería.

  1. Los símbolos: se usan mucho los instrumentos de albañil y del arquitecto. El delta (triángulo que tiene al centro un ojo que representa todos los atributos de la divinidad), se encuentra encima del trono del venerable Maestro, entre el sol y la luna, que representan fuerzas del sumo Creador. La escuadra representa la mortalidad; el nivel la igualdad, y la plomada, rectitud.

  1. El culto: el segundo código masónico dice que el verdadero culto a Dios consiste en las buenas obras. En el ritual empleado para el candidato a Maestro Masón (grado 3), el venerable abre y cierra el trabajo en el nombre de Dios y de un patrono.

  1. Ceremonias fúnebres: en los funerales hay una ceremonia en la logia sin la presencia del cuerpo fallecido; otra en una iglesia o en una residencia y una más en el cementerio. En todas ellas se enfatiza la salvación por las obras y se afirma que el fallecido está pasando de la logia terrestre a la logia celestial.
Organización.

La masonería está organizada en Ritos (Escocés y de York, principalmente), los cuales se dividen en grados. Algunos grupos tienen más grados que otros; por ejemplo, el Rito de York tiene diez grados y el Rito Escocés tiene treinta y tres.

En cuanto a su funcionamiento, la logia es la agrupación de masones presidida por un Maestro. La Gran Logia es una federación de logias presidida por un Gran Maestro, las cuales son nacionales. El delantal es el símbolo del trabajo y de la jerarquía tradicional de aprendices, compañeros y maestros.

CUADRO DE GRADOS Y EDADES DEL RITO ESCOCÉS ANTIGUO Y ACEPTADO
Grado
Nombres
Edad
Aprendiz
3 años
Compañero
5 años
Maestro
7 años y más
Maestro secreto
3 veces 27 años cumplidos
Maestro perfecto
1 año para abrir los Trabajos
7 años para cerrar los Trabajos
Secretario íntimo
10 años; el doble de 5
Preboste y Juez
14 años; el doble de 7
Intendente de Fábrica
3 veces 9 años
Maestro Elegido de los Nueve
21 años cumplidos; el triple de 7
10º
Ilustre Elegido de los Quince
25 años cumplidos; 5 veces 5
11º
Sublime Caballero Elegido
27 años
12º
Gran Maestro Arquitecto
45 años, 5 veces el cuadrado de 3
13º
Real Arco
63 años cumplidos; 7 veces el cuadrado de 3
14º
Gran Elegido Perfecto y Sublime masón
27 años cumplidos
15º
Caballero de Oriente o de la Espada
70 años
16º
Príncipe de Jerusalén
25 años cumplidos
17º
Caballero de Oriente y Occidente
Sin edad
18º
Caballero Rosa Cruz
33 años
19º
Gran Pontífice o Sublime Escocés
Sin edad
20º
Venerable Gran Maestre de todas las Logias Regulares
Sin edad
21º
Patriarca Noachita
Sin edad
22º
Caballero de la Real Hacha
Sin edad
23º
Jefe del Tabernáculo
Sin edad
24º
Príncipe del Tabernáculo
Sin edad
25º
Caballero de Airain o de laSerpiente de Bronce
Sin edad
26º
Príncipe de la Merced o Escocés Trinitario
81 años
27º
Gran Comendador del Templo
Sin edad
28º
Caballero del Sol
Sin edad
29º
Gran Escocés de San Andrés
81 años
30º
Gran Elegido Caballero Kadosch
Un siglo y más
31º
Gran Inspector Inquisidor Comendador
Sin edad
32º
Sublime y Valiente Príncipe del Real Secreto
Sin edad
33º
Soberano Gran Inspector General
33 años cumplidos
Fuente: http://hf7.tripod.com/VITRIOL/RITOS.HTM

Código Moral.

El Código Moral Masónico vigente en México, sin saber desde cuándo, es el siguiente:

Adora al Gran Arquitecto del Universo
Ama a tu Prójimo
Haz el bien y deja hablar a los hombres
Ama a los buenos, compadece a los débiles, huye de los malvados; mas no odies a nadie.
Habla respetuosamente a los grandes, prudentemente a tus iguales, sinceramente a tus amigos y con ternura a los pobres.
No adules jamás a tu Hermano, porque es una traición y si tu hermano te adula, desconfía, que no te corrompa.
Escucha siempre la voz de tu conciencia.
Se el padre de los pobres; cada suspiro que tu dureza les arranque, será una maldición que caerá sobre tu cabeza.
Respeta al extranjero y al viajero, porque su posición los hace sagrados para tí.
Evita las disputas y prevé los insultos, poniendo la razón de por medio.
Respeta a las mujeres; jamás abuses de su debilidad y muere antes que deshonrarlas.
Si el Gran Arquitecto del Universo te da un hijo, dale las gracias por el depósito que en tí confía, porque en lo adelante, tú serás para ese niño la imagen de la Divinidad. Has que hasta los diez años te tema, hasta los veinte te ame y hasta la muerte te respete. Hasta los diez años sé su maestro, hasta los veinte sé su padre y hasta la muerte sé su amigo.
Enseña a tus hijos buenos principios antes que bellas maneras, que te deban una doctrina esclarecida mejor que una frívola elegancia. Que sean mejores hombres honrados que hombres hábiles.
Lee y aprovecha. Ve e imita. Reflexiona y trabaja y que todo redunde en beneficio de tus hermanos para tu propia utilidad.
Sé siempre contento del todo y para todo.
Jamás juzgues ligeramente las acciones de los hombres, perdonándolas o condenándolas. El Gran Arquitecto del Universo es el único que puede valorar sus obras.

  
 Masones en México.

Se presume que el antecedente de los masones en México proviene principalmente de Francia y España, donde se desarrolló el Rito Escocés asociado a ideas liberales, tal como se mencionó en los Antecedentes de este ensayo. Sobre este punto, Nicolás Rangel (1932) señala que “como una consecuencia natural de la divulgación de los conocimientos enciclopédicos del Siglo XVIII, de las ideas encarnadas en la fórmula que más tarde adoptaría la Revolución Francesa, reflejo de las tendencias filantrópicas difundidas... se introdujo en Francia la masonería que los desterrados jacobinos llevaron de Inglaterra... la cual fue acogida con entusiasmo y propaganda con rapidez, pero modificando su instituto y su ideología, haciéndolo esencialmente socialista... (Rangel, 1932: V)”. Por ello, se decretaron prohibiciones a lo largo del territorio europeo y, obviamente, el Tribunal de la Inquisición en México persiguió y condenó individuos por delitos de francmasonería.

De acuerdo con Zalce y Rodríguez (1950), los primeros que introdujeron la ideología masónica en México fueron franceses: “A la llegada del Excelentísimo Señor don Juan Vicente de Gemas Pacheco de Padilla, segundo Conde de Revillagigedo (que sería Virrey de la Nueva España), fue notable, para aquella época, la inmigración de súbditos franceses a Nueva España... había médicos, arquitectos, modistas, carroceros, cocineros y peluqueros. Procedían éstos de París y se establecieron en la calle de San Francisco... Pedro Leroy, Nicolás Bardet, Vicente Lilié, Juan Malvert y Pedro Burdales. Éste había llegado a México hacia 1782 – 1784... viajó por Querétaro, Mextitlán y Molango...” (Zalce, 1950:3).

Estos primeros franceses (y se presume que masones), se reunían en la relojería de Juan Esteban Laroche y se dedicaban a leer impresos y gacetas provenientes de Francia y Holanda principalmente. Expandiéndose la masonería, se cree que el primer lugar de reunión de masones propiamente mexicanos (o criollos) fue en la Antigua Calle de las Ratas, número 5. Actualmente es el número 73 de la séptima calle de Bolívar, en la Ciudad de México, y aunque no existen documentos históricos que lo prueben, se menciona que entre los personajes que conformaron esa primera logia se encontraban don Gregorio Martínez, don Feliciano Vargas, don José María Espinosa, don Manuel Betancourt, don Ignacio Moreno, don Miguel Domínguez, don Miguel Hidalgo y Costilla y don Ignacio Allende (Íbid: 6).

Por el lado de España, las primeras logias organizadas formalmente en México provenían de aquél país, y estaban compuestas por elementos peninsulares, particularmente oficiales que habían militado combatiendo contra la invasión napoleónica, que emigraron a América junto con muchos masones iniciados en las logias francesas (Íbid: 41). Es decir, la influencia masónica de España y Francia, proveniente del Rito Escocés, fue decisiva en la organización de logias en México. El propio autor lo refiere de la siguiente manera: “En razón de tales circunstancias, la “Unión Fraternal”  número 20, establecida en México, contó desde luego con amplio reconocimiento y fue considerada tan legítima como pudiera serlo cualquier logia simbólica creada por la autoridad de la potencia más ortodoxa. Esta logia fue el núcleo que dio vida a la masonería del Rito Escocés que ha existido en México hasta nuestros días...” (Íbid:199).

Centrándonos temporalmente, analizaremos qué fue lo que sucedió con el la masonería en México durante la época de la Reforma y la Intervención Francesa:

Tal vez la época de mayor agitación para los masones corresponde a la ubicada a partir de la instalación del gobierno de don Juan Álvarez quien sería sustituido posteriormente por Ignacio Comonfort. La junta de gobierno con la que trabajó el primero de ellos se componía, entre otras personas, por Valentín Gómez Farías (Presidente), Melchor Ocampo (Vicepresidente), Benito Juárez, Francisco Zendejas, Joaquín Moreno y Diego Álvarez para Secretarios. Todos ellos eran masones.

Frente a la resistencia de la reacción conservadora, las logias masónicas tenían motivos suficientes para emprender campañas enérgicas de acción y doctrina de acuerdo al programa proclamado por el Rito Nacional Mexicano con respecto a ello, sin embargo ni el Supremo Comando del Rito ni las logias estaban en disposición de auxiliar a quienes sostenían los principios políticos liberales mas que mediante declaraciones verbales y “sentimentales” que ubicaron al Rito Nacional al lado del gobierno instaurado por liberales.

No existía, pues, un acuerdo formal de apoyo. Pero ello no fue en detrimento de la participación activa de los masones en los asuntos de interés para ellos, cuestiones que concordaban con los principios básicos y doctrina de la política liberal de aquél entonces.

Renunciado Juan Álvarez y nombrado Presidente de la República don Ignacio Comonfort (distinguido masón), se llevó a cabo la primera junta preparatoria donde salieron electos como presidente de la junta don Ponciano Arriaga; Isidro Olvera y Francisco Zarco como secretarios. Los tres, miembros distinguidos del Rito Nacional.

Así conformada la junta de gobierno, la Gran Logia del Rito Nacional expresamente se adhirió al gobierno liberal nombrando a una comisión compuesta por José María del Río, Francisco Zarco y Francisco Moncada, quienes eran diputados del Constituyente, para que le hicieran saber a Comonfort la adhesión de ese alto cuerpo, “entretanto marchara conforme a los principios liberales y de la Reforma porque tanto había trabajado el rito mexicano...” (Íbid: 183).

A partir de este suceso, la participación masónica en cuestiones políticas de la vida de México en la época de la Reforma se acentuó. Ya mencioné que varios masones eran miembros diputados del Constituyente, y por el conducto de ellos, fue aprobada la Ley Juárez y, como más adelante señalaré, la propia Constitución de 1857.

En este sentido, Zalce puntualiza una importante cuestión: “El triunfo que la revolución de Ayutla obtuvo por este hecho dio nuevos bríos a los reformistas que habían insistido desde 1834 en que se implantaran como preceptos constitucionales los puntos del programa político – masónico propuesto por el doctor Mora, el público tomó interés por las ideas expuestas en pro de la libertad de cultos y del laicicismo en la enseñanza, y se procuró aprovechar tan favorables condiciones para que todas las leyes reformadoras fueran incluidas en la Constitución que se estudiaba, empresa que acometieron con resolución ejemplar los hermanos[1] diputados Arriaga, Ocampo, Zarco y otros más...”

Por mas masón que fuera, Comonfort vacilaba entre liberales y conservadores hasta el grado de alterar el orden público en razón de las desavenencias producto de la concertacesión que, podríamos decir, a oscuras, realizaba el entonces presidente de la República. Con ello, los masones inyectaron prisa a los diputados encargados de la legislación de la nueva Constitución (o Ley Lerdo, por Lerdo de Tejada) para que ésta fuera aprobada lo más pronto posible.

A pesar de los problemas, la Ley fue aprobada y obviamente surgieron discrepancias entre el alto clero y otros obispos de la República, como los de Oaxaca y Puebla, que prohibían la obediencia de sus subordinados frente a la nueva Constitución. Pero la polémica más sonada fue la que corrió a cargo de Ignacio Ramírez, también masón pero a un nivel de radicalidad no antes visto. Éste pensaba que todo lo relativo a la desamortización de bienes eclesiásticos era demasiado benevolente con el clero; juzgaba a la ley incompleta y ello favoreció la perspectiva conservadora al notar ciertas divisiones al interior del partido liberal.

Las discrepancias y vacilaciones de Comonfort fueron asumidas por el Rito Nacional en forma grave, pues dispuso agentes y logias ya dispersas por toda la República a fin de vigilar cualquier movimiento de militares sospechosos, quienes firmemente se identificaban con los conservadores.

Sin embargo, el Rito Nacional fue siempre conciente de que las fuerzas conservadoras no habían sido derrotadas al aprobarse las leyes Juárez y Lerdo; más bien se concentraron en unificar esfuerzos y actividades en defensa no solo de la nación mexicana, sino también del destino de la masonería en México.

Pero surgió otra polémica al momento de jurar la nueva Constitución producto del pensamiento y lucha liberal (y masónica). El encabezado del Código Fundamental de nuestra nación comenzaba con “En el nombre de Dios y con la Autoridad del Pueblo Mexicano, el Congreso Nacional decreta...”, y dicho encabezado fue producto de las vacilaciones de Ignacio Comonfort. El presidente de la República, tomando el poder el día 1o. de Diciembre del 57, prontamente se desconoció a sí mismo en su condición de constitucional (el 17 de Diciembre), declaró abolida la Constitución y de desataron órdenes de aprehensión contra Juárez e Isidro Olvera, donde el primero de ellos tuvo a bien huir de la sala del Palacio ayudado por un miembro distinguido del Rito Nacional.

Reinstalado el gobierno después de este acontecimiento en la Ciudad de México, el Rito Nacional vio coronado con éxito un gran esfuerzo. En este sentido, transcribiré breves líneas donde Luis J. Zalce resume a grosso modo el objetivo de la masonería: “La Masonería nacional, por su parte, satisfecho su programa político, podía en lo sucesivo encauzar sus actividades al ejercicio de sus finalidades espirituales, sin tener que tomar parte en luchas cruentas que son antagónicas de sus tendencias humanitarias, y apenas si pueden aceptarse como un mal inevitable, cuando se trata de defender las libertades del pueblo, cuya integral defensa hemos espontáneamente aceptado, aun en el caso de que ella signifique el sacrificio de nuestra vida...” (Ìbid: 195).

Palabras que muestran una carga ideológica muy fuerte, pero no por aseverar lo anterior nos podemos quedar con esa perspectiva. Sobre este punto volveré más adelante.

Durante la Intervención Francesa, una buena parte de las logias del Rito Nacional Mexicano abandonaron sus actividades y reuniones en espera de que las cosas se arreglaran. Los templos donde usualmente llevaban a cabo sus actividades fueron abandonados en un obvio y nada ortodoxo repliegue de las logias masónicas, donde si bien muchos se retrajeron a su vida privada, la gran parte de los masones acompañaron a Benito Juárez en la penosa peregrinación que éste protagonizó a lo largo y ancho del territorio nacional llegando también a viajar hasta los Estados Unidos. Los masones y el Archivo General de la Nación fueron los incansables acompañantes de Juárez en la época de la intervención francesa.

La única logia que aparentemente continuó con sus trabajos normales fue la denominada “Unión Fraternal”, fundada por Santiago Lohse en 1859, contando para 1863 con alrededor de 200 maestros masones. Lo curioso de esta logia es la heterogeneidad de nacionalidades que se podía encontrar en ella, pues si bien la gran mayoría eran mexicanos, había también franceses, ingleses, alemanes y españoles. Cuenta Zalce y Rodríguez que varios soldados franceses llegados a México por la invasión francesa se unieron a esta logia.

Influenciados por la temporalidad, en la logia “Unión Fraternal” se le concedió bastante importancia a los miembros franceses que en ella trabajaban, llegando al extremo de cambiar la “carta – patente” (o solicitud de aceptación y adhesión como logia) ante el Oriente de Nueva Granada dirigiéndola en este momento al Gran Oriente Francés, ya que uno de los miembros de la logia mexicana, el Capitán Magnan, era hijo del Mariscal Magnan quien a su vez fungía como Gran Maestro del Oriente de Francia. Se especulaba que en realidad México iba a ser territorio francés. Obviamente hubo negativas al interior de la logia, por lo que este asunto no se concretó.

Manuel Basilio, Soberano Gran Inspector General del grado 33 del Supremo Consejo de la Jurisdicción del Sur de los Estados Unidos fue uno de los defensores de la idea de no aceptar la jurisdicción extranjera de Francia ni de ningún otro Gran Oriente, sino que el Rito Nacional Mexicano debía constituirse como potencia masónica al igual que las demás adoptando el Rito Escocés Antiguo y Aceptado.

En este sentido, apunta Zalce y Rodríguez que “La Jurisdicción de un “Rito” no tiene efectos más que para los que a ese “rito” se someten voluntariamente; ningún sistema masónico llamado “rito” puede tener “propiedad” exclusiva y absoluta en el territorio de un estado independiente; por eso en un país cuyos masones tienen preparación amplia y adecuada, conviven dos o más “ritos”, y la validez de sus leyes constitutivas y la jurisdicción de sus autoridades, alcanzan únicamente a sus respectivos afiliados...” (Íbid: 229).

Es decir: la preparación intelectual de los masones en la intervención francesa en cierto grado fue influida por la moda extranjerizante producto de la invasión, y si bien el Rito Escocés fue adoptado en México, no necesariamente debería ser el único rito que rigiera la vida masónica en nuestro país. En este sentido, la carga ideológica liberal de los masones, hasta cierto tiempo considerada homogénea, se vio fracturada: unos apoyaron incondicionalmente a Juárez; otros se inclinaban por someterse a la voluntad del gran amo masón llamado “Oriente Francés”.

Así las cosas, y de la fractura posterior de la logia “Unión Fraternal”, se constituyó la Gran Logia del Valle de México obra de Manuel Basilio; logia que ofreció el grado 33 a Maximiliano de Austria así como la jefatura del Supremo Consejo de dicha organización. Lohse, Soberano Gran Comendador “Gran Maestro de la Orden” del Oriente de México se entrevistó con Maximiliano para ofrecerle el protectorado de la orden a sabiendas de que el nuevo emperador se preguntaba hasta qué punto el Rito Nacional podía apoyarle. Sin embargo, Maximiliano rechazó “cortésmente” el protectorado en razón de su situación personal y compromisos políticos.

Aún así, el interés de Maximiliano por la orden fue evidente al otorgar soporte económico para las obras de la logia en cuestión, además de apoyar invariablemente los ideales liberales respetando, como ya sabemos, a las leyes de Reforma.

La Masonería en Querétaro.

La “Respetable Gran Logia del Estado de Querétaro” no cuenta con muchos años de existencia, a diferencia de las logias provenientes del Distrito Federal o de Europa. Según información de la página web que se puede consultar en “www.msnr.org/Espanol/paises/queretato/MRGLEQ4.htm”, en 1921 ya existían talleres masónicos en el Estado jurisdiccionados a la Gran Logia del Valle de México, de la cual ya he mencionado algunos puntos, talleres de los cuales no se tiene fecha exacta de su constitución o inicio de trabajos.

Fue hasta 1934 cuando se expide el Decreto número 196 con fecha 19 de Octubre cediéndole a Querétaro el territorio para constituir una Gran Logia, entregando las “cartas – patente” a las logias denominadas “Ezequiel Montes número 3”, “Antorcha de Libertad número 29”, “Constelación número 33”, Melchor Ocampo número 36”, “Luz y Verdad número 43”, “Estrella de la Sierra número 52”, “Benito Juárez G. número 102”, “San Juan del Río número 104” y “Cerro de las Campanas número 113”.

El primer Respetable Gran Maestro de la Gran Logia del Estado de Querétaro fue Martín González V. y posteriormente siendo Gran Maestro el Sr. Agustín Romero López se decreta la Constitución Masónica que regiría la vida masónica queretana a partir de 1935.

Posiblemente los talleres masónicos en Querétaro hayan trabajado desde la época de la Reforma, ya que un personaje queretano, de gran importancia para la historia, es mencionado invariablemente en los datos históricos de la Gran Logia queretana: Ezequiel Montes.  Sin embargo, cuando Comonfort nombra a este personaje como Ministro de Justicia e Instrucción Pública en 1855, según Zalce y Rodríguez, Ezequiel Montes no era masón (Zalce, 1950: 180 – 181). Seguramente se unió al rito en fechas posteriores.



[1] Entre los propios masones se usa el calificativo de “hermano” para denotar a los compañeros que participan en el Rito Masón (N. de la A.)

Análisis Sociológico.

Es evidente que la influencia del movimiento masón en territorio mexicano logró frutos importantes como la Constitución de 1857 y en cierta medida oposición durante la intervención francesa, que si bien no fue generalizada, sí contaba la resistencia juarista con un buen número de seguidores masones que, en franca animadversión hacia el fugaz imperio de Maximiliano de Austria, trabajaron y se movilizaron hasta triunfar con la restauración de la República.

No obstante lo anterior, el desarrollo ideológico de la masonería en la actualidad deja algunas cuestiones sin resolver en el sentido exacto de su apreciación o inclinación política hacia algún sentido. Y es su carácter “discreto”, frecuentemente subrayado, lo que hasta ahora impide dar luz a la verdad que ellos en su doctrina defienden. Nadie sabe cuál es la carga ideológica actual de la masonería mexicana: ¿A la izquierda? ¿A la derecha? ¿Al centro? ¿Ninguna? Y su inveterada discreción les obliga (o autoobliga) a guardar silencio en esta cuestión, situación que no infiero, sino que asiento con la seguridad que puede darle al investigador una entrevista rechazada.

Sin material objeto de análisis que responda a estas interrogantes, puedo entonces plantear una serie de supuestos de corte estructural, por una parte y accionalista, por la otra, que puedan explicar o apenas vislumbrar cuál es la tendencia política del masón.

La Estructura.

Para la generalidad de los teóricos de la estructura, ésta tiende a predeterminar las acciones de los individuos insertos en una realidad sociológica que si bien puede cambiar, por lo general encuentra en algún momento el reestablecimiento del orden de las cosas. En este sentido, la masonería inmersa en una sociedad de cambios sustanciales tan fuertes como lo fue en la época de la Reforma y la Intervención Francesa, se puede explicar la honda participación de la masonería obedeciendo a un clima ideológico proveniente de un país europeo que cimbró al mundo entero derrocando al absolutismo monárquico, asociado invariablemente con la doctrina conservadora europea.

La inercia social de aquél entonces, con los incipientes medios de comunicación que permearon la mentalidad de los individuos sociales de Francia (entre ellos a los masones), generó un clima social adecuado para todo tipo de cambios estructurales. Y así fue en Francia. Con esto quiero decir que la masonería actuó de acuerdo con lo que en ese momento exigía la estructura social para lograr el reestablecimiento del orden.

En palabras de Smelser, citado por Juan Manuel Ramírez Saiz (_____), las condiciones estructurales que permitieron la influencia de los masones en una acción colectiva, podemos situarla ya en México, son las siguientes:

Primero que nada, el comportamiento reactivo a una crisis social no es guiado por las normas existentes; es decir, los masones inmersos en una estructura social tensionada por los conflictos, no se apegaron al status quo existente sino que, por el contrario, guiaron sus acciones de acuerdo con normas sociales opuestas a las que en ese momento precisamente sumergían a la estructura en un conflicto severo.

Además, según el autor mencionado, las disfunciones son causadas por factores precipitantes, los cuales son: la tensión estructural, la permisividad estructural y el quiebre del orden. La tensión estructural se puede interpretar en este sentido como el “estira y afloja” característico y presente cuando la dupla “conservadores – liberales” se encuentra en pugna por el poder. La permisividad estructural se interpreta, entonces, como la posibilidad que tuvo la ideología liberal para influir en los actores que la apoyaron hasta sus últimas consecuencias; es decir: la estructura social en ese momento estaba dispuesta a recibir cualquier clase de formas de hacer las cosas, por así decirlo. El quiebre de orden es evidente en la época en estudio: la guerrilla.

Para Smelser, los componentes de la acción colectiva son: Valores, normas, organización y recursos. Basta señalar en este aspecto, que valores no faltaron en el movimiento masónico, las normas que a su interior dirigían las acciones de ellos, su flamante capacidad organizativa y los obvios recursos con que contaban para movilizarse. Pero es más acentuado en cuanto a valores y normas, ya que estos dos componentes que provinieron del interior de una organización peculiar lograron plasmarse como resultado de una acción colectiva más fuerte. Por ello, se dice que la Constitución del 57 es fundamentalmente obra masónica.

Finalizando con Smelser y el análisis estructural, señala que los determinantes de la acción colectiva son: la conductividad estructural, tensión estructural, creencia generalizada, factores precipitantes, movilización y control social. Algunos de estos determinantes ya se analizaron en párrafos anteriores; sin embargo, la categoría analítica de Smelser “creencia generalizada” es precisamente la que con más fuerza logró tanto la organización masónica como su trascendencia política. Por lo menos, en aquella época.

Por otra parte, al interior de la organización masónica, logramos encontrar un sinnúmero de coerciones y prestaciones que logran manejar a los actores en la forma y términos estipulados por los ordenamientos regulares. La masonería es toda una institución que involucra a los actores y les obliga en cierto modo a cumplir con los estatutos que se tienen como legitimados por ellos mismos.

La Acción.

Alain Touraine (1999) en “Crítica de la Modernidad”, intenta explicar a la acción colectiva como producto de los actores; sin embargo, denomina como “sujeto” al movimiento social. No es objeto del presente identificar o no a la Guerra de Reforma como un movimiento social de acuerdo a la categorización de Touraine; más bien, consideremos al movimiento masón como sumergido en acciones de oposición ante un adversario (es decir, dentro de un movimiento social).

Divide a la sociedad en dos partes: dirigentes o dominantes y dirigidos o dominados. La organización social, en lo general, es determinada por los centros de poder. El individuo en este momento es un objeto que debe convertirse en sujeto, lo cual logra mediante lo que Touraine denomina “separación del sí mismo”: el sí mismo es la concepción del sujeto como objeto. Para llegar a ser sujeto, el individuo debe separarse del sí mismo. Esta separación se hace oponiéndose a la lógica de la dominación mediante otra lógica, la de la libertad (lo cual es la lógica de la producción de uno mismo). De esta forma se pasa del sí mismo al para sí mismo.

Si bien el sujeto es concebido como el actor, nunca es un individuo aislado, pues este sujeto será el individuo en situación social.

La modernidad, temporalidad analizada en este trabajo de investigación, se caracteriza por una determinada racionalización que resulta como una lógica de integración social. Se refiere con racionalización a lo estudiado anteriormente por Weber, como un tipo de ordenamiento social que tiene una lógica de integración social, donde dominantes y dominados cumplen con papeles determinados desde la esfera dominante, pero son ordenados dichos papeles de tal forma que se lleva a la integración. Se actúa conforme a una lógica de ordenamiento social.

Touraine señala que el movimiento social es el esfuerzo de un actor colectivo por adueñarse de valores, orientaciones culturales de una sociedad oponiéndose a un adversario al que se vincula por relaciones de poder. Por ello, el movimiento social no es una clase o lucha de clases, ya que éstas pretendían apropiarse de bienes materiales. El movimiento social busca apropiarse de bienes culturales.


Otro aspecto fundamental que apoyará la explicación siguiente es el concepto de historicidad, que es el conjunto de orientaciones culturales que logran guiar el desarrollo de una sociedad dentro de un contexto histórico determinado. El conflicto surge en la lucha por la apropiación de la historicidad en la siguiente forma: la historicidad, en un contexto histórico determinado, es apropiada por los dirigentes de la sociedad quienes se encargan en todo caso de construirla y de lograr que los dirigidos se adapten o integren en un cierto orden social. Cuando el sujeto dirigido o dominado busca apropiarse de la historicidad, surge el conflicto contra el adversario al buscar aquél una nueva forma de desarrollo de la sociedad en que vive.

En este caso, los masones se convirtieron parte del sujeto histórico en la Guerra de Reforma luchando por la apropiación de una historicidad específica. Las ideas liberales producto de toda una movilización proveniente de Europa, y luego plasmadas en la Constitución del 57 son orientaciones culturales que adoptaron forma de legislación y fueron apropiadas por los dirigentes.

Respondiendo a la pregunta que titula el presente ensayo, considero que la masonería mexicana del siglo XIX se erigió como apologista del pensamiento liberal. Ahora bien, en la actualidad, poca información se tiene respecto a las ideas políticas de los masones en México y considerando lo señalado en párrafos anteriores respecto a que “La Masonería nacional, por su parte, satisfecho su programa político, podía en lo sucesivo encauzar sus actividades al ejercicio de sus finalidades espirituales, sin tener que tomar parte en luchas cruentas que son antagónicas de sus tendencias humanitarias, y apenas si pueden aceptarse como un mal inevitable, cuando se trata de defender las libertades del pueblo, cuya integral defensa hemos espontáneamente aceptado, aun en el caso de que ella signifique el sacrificio de nuestra vida...” (Zalce: 1950: 195), el análisis parece dar un vuelco de ciento ochenta grados.

No conocemos qué actividades estén realizando los masones en defensa de las libertades del pueblo, como lo señaló Zalce y Rodríguez. ¿Cuáles son las libertades que conceptualizan los masones? ¿La libertad de desarrollar capacidades, la de alfabetizarse, la de ser parte de un país democrático, de tener justicia, de alimentarse como es debido, de vivir con dignidad, de participar en la dinámica económica en la globalización como un “incluido” y no como un “excluido”? ¿Las libertades por las que pelean los masones incluyen a los indígenas y campesinos sin preparación alguna? ¿Incluyen a los niños y mujeres maltratados o solo se circunscriben en respeto de sus “debilidades”? Si respetan la libertad de cultos, ¿por qué segregan a los ateos cuando el no creer también es una libertad? ¿Defienden las libertades de los homosexuales? O ¿es la libertad exclusiva de los grupos de poder entre los cuales en la actualidad se desarrolla la masonería? ¿El liberalismo económico o el neoliberalismo es legitimado por ellos aún cuando genera desigualdades sociales graves?